BIOGRAFÍA DEL MARQUÉS DE SANTILLANA

 

            Don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana y Conde del Real de Manzanares, nació en 1398 en Carrión de los Condes (Palencia), hijo de Diego Hurtado de Mendoza, almirante de Castilla y señor de Hita y Buitrago, y de doña Leonor de la Vega, dama rica e inteligente. En su familia, perteneciente a la nobleza castellana, se cultivaban con la misma pasión las armas y las letras, y él fue quien mejor representó el modelo del caballero noble, soldado y poeta. Enseguida perdió a su padre y fue dejado al cuidado de su abuela, doña Mencía de Cisneros (en cuya casa, durante las largas permanencias de su infancia, empezó a leer los Cancioneros). Siendo aún muy joven, fue colocado bajo la tutela de don Pedro López de Ayala, canciller de Castilla. Al cumplir los 10 años se concertó su matrimonio con doña Catalina de Figueroa, a la que amó entrañablemente a lo largo de toda su vida. Desde muy joven estuvo en las Cortes de Aragón y Nápoles, siempre al lado del rey Alfonso V el Magnánimo, al que sirvió como copero. Su estancia en Nápoles fue decisiva para su formación literaria: de Italia trajo por primera vez a España temas y metros que se arraigarían y serían decisivos en la historia de nuestra literatura, y en Italia conoció a poetas valencianos y catalanes que influirían mucho en su obra. Al pasar de la Corte aragonesa a Castilla bajo el reinado de Juan II, se declaró enemigo encarnizado del favorito real, don Álvaro de Luna. Ya en la Corte de Castilla lucharía contra los moros, pero también en batallas a favor y en contra del rey. Sus ayudas a la Corte le valieron títulos tan importantes para su familia como los de: Marqués de Santillana, Señor de Hita y Buitrago y Conde del Real de Manzanares (sus descendientes darían lugar a títulos nobiliarios tan importantes en España como los de la casa de Medinaceli). Su vida continuó en la Corte, donde participó en intrigas palaciegas para acabar con don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla. Una vez muerto éste por orden del rey, y conseguida la unidad nacional que el Marqués tanto esperaba, continuó su vida dedicándose por igual a las armas y a las letras.

            Desde muy joven se inició el Marqués en la Literatura, y hasta 1434 realiza creaciones de inspiración claramente medieval; ese período se caracteriza por composiciones sencillas y poemas trovadorescos, que aparecen representados por las serranillas (donde se mezclan la tradición lírica castellana y la provenzal, y de ésta tomó algunos de los rasgos propios de la poesía cortés, que dieron a estas composiciones un aire más noble y refinado).

            En una etapa posterior, el Marqués abandona la tradición de carácter medieval y, tras su estancia en Nápoles, recoge la influencia del Renacimiento italiano, que asoma en Castilla de forma incipiente en aquellos años, con un tipo de creaciones cargadas de referencias a la literatura de la Antigüedad grecolatina, que se convierten en ejemplo de su erudición y de su formación humanista. Un claro ejemplo de esta etapa son sus Decires narrativos, la Comedieta de Ponza, el diálogo de Bías contra Fortuna, los Proverbios, El Infierno de los enamorados y los Sonetos fechos al itálico modo, composiciones en las que emplea referencias y comparaciones con las grandes figuras de la Antigüedad para representar a sus personajes y en las que toma como modelo poético a Dante Alighieri, el poeta italiano. Aunque gran parte de los poetas seguían utilizando el verso octosílabo en la época, típico de la métrica popular castellana, el Marqués prefiere utilizar ya el verso de arte mayor (que es un verso de doce sílabas con los acentos muy marcados en las sílabas 2ª, 5ª, 8ª y 11ª, muy utilizado por el Marqués y por la gran mayoría de poetas de la época), y también el endecasílabo, de influencia italiana (con este verso creará sus famosos sonetos, composiciones estróficas de influencia italiana que están formadas por 14 versos endecasílabos divididos en 2 cuartetos y 2 tercetos, aunque estas composiciones no acabaron cuajando en su época, sino casi un siglo más tarde de la mano de los grandes poetas renacentistas castellanos: Juan Boscán y Garcilaso de la Vega). A esta etapa pertenece también la más importante de sus obras en prosa, el que se considera el primer bosquejo de una historia de la literatura española, la Carta-Prohemio al Condestable don Pedro de Portugal.

            Su última etapa está dominada por sus composiciones de tipo moral, en las que su propia experiencia vital es la inspiración más directa, a ella pertenecen el Favor de Hércules contra Fortuna (en la que pide que España sea liberada de los monstruos y la “bestia dañosa” que la devoran, en clara alusión a don Álvaro de Luna),  las Coplas contra don Álvaro de Luna (poema de carácter poco reflexivo en que el Marqués lanza una serie de inculpaciones al favorito derrocado, analiza sus orígenes humildes y los contrasta con el alto poder que ha ejercido, donde se ve el carácter nobiliario del Marqués y cómo lucha por los de su propia clase, y donde le echa en cara su gran ingratitud al Rey, a quien ha dañado en su alma, en su fama y en su patrimonio) y el Doctrinal de privados (discurso de tono vigoroso y patético en primera persona puesto en boca de don Álvaro, que hace recuento de sus pecados, con lo que refuerza el carácter aleccionador de la caída del favorito real).

            En los últimos años de su vida, ya retirado de las preocupaciones mundanas y quizá previendo la cercanía de la muerte, escribe sonetos de tipo religioso y de tema mariano (los Gozos de Nuestra Señora, las Coplas a Nuestra Señora de Guadalupe y la Canonización de San Vicente Ferrer y fray Pedro de Villacreces), y éstas serán ya sus últimas composiciones. Muere en Guadalajara en 1458 tras una vida en la que conjugó distintas personalidades: como caballero, conoció desde un puesto privilegiado toda la vida de la Corte, aunque también fue guerrero, pues defendió la frontera de Aragón, combatió a los moros en la frontera de Córdoba y Jaén y completó su actividad con la defensa jurídica de sus señoríos, su intervención en la política le llevó a influir en los grandes personajes de la época (el propio rey Juan II, don Álvaro de Luna o los Infantes de Aragón), pero todo esto no le impidió llevar a cabo también una amplia producción poética extraordinariamente variada, siempre abierta a la experimentación, pero sin renunciar a una reflexiva actitud de selección y corrección de su obra.

 

 

 

          

            TEXTO REALIZADO POR LOS ALUMNOS DE 3º DE E.S.O. “C” DEL I. E. S. “JOSÉ HIERRO” DE SAN VICENTE DE LA BARQUERA