DON ÍÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA, MARQUÉS DE SANTILLANA

 

            El Marqués de Santillana fue contemporáneo del rey Juan II de Castilla (1405-1454), y casi toda su vida y su actividad política, siempre en defensa de un reino centralista y con poder absoluto, tuvieron lugar durante el reinado de este monarca, por lo que es necesario entender los principales acontecimientos ocurridos en aquel momento para entender mejor la realidad de la época y por qué luchaba el Marqués.

            El reinado de Juan II fue muy largo y, a pesar de las grandes luchas que asolaron su época (luchas internas, en el propio país; luchas por el poder en la Corte y en el reino; guerras con Granada y, en ocasiones, con Aragón), ocurren dos hechos importantes en aquel momento: se fortalecen el poder monárquico y las instituciones a través de las que éste se ejerce y desarrolla, y todo ello pese a que Juan II fue un monarca que careció de dotes políticas y de actividad de gobierno personal (para eso existían los privados, pues el rey dejaba el gobierno de la nación en manos de esos gobernantes). Pero esta situación no aparece por sí misma, sino que el rey anterior, Enrique III, había sentado las bases para este fortalecimiento monárquico, incluso tomó importantes medidas de saneamiento monetario, fiscal y financiero, marcó nuevos objetivos a la política exterior y acabó con la prepotencia de la alta nobleza de parientes regios, a los que sucedieron otros nobles que no quitaban poder al rey ya que sus señoríos aún no eran inmensos ni tenían gran poder en la vida política de las grandes ciudades, por lo que crecían al servicio del rey. El matrimonio de Enrique III con Catalina de Lancaster y la tregua indefinida que consiguió con Portugal terminaron no sólo con la muerte del rey, sino que entonces comenzaron las hostilidades con Granada, lo cual era una empresa que daba prestigio a la monarquía y respondía a los intereses políticos del reino. Así terminó el reinado de Enrique III, y durante la minoría de edad de Juan II, reinaron como regentes la madre del futuro rey y su tío, el infante Fernando I. Cuando ambos murieron, y tras las luchas por el liderazgo de Castilla de los infantes Juan y Enrique, Juan fue declarado mayor de edad en 1418 y comenzó su reinado, y con él comenzó la historia del primer privado que consiguió amplios poderes en el reino de Castilla, don Álvaro de Luna. En aquel momento el Marqués de Santillana ya había vuelto a Castilla tras su estancia en Aragón, apoyando allí al rey Alfonso V, y volvía como partidario del infante Enrique, y quería, como muchos nobles, crecer a la sombra del poder de los infantes castellanos. Pero unos años antes que él, había llegado a Castilla Álvaro de Luna en el séquito de su tío Pedro de Luna, arzobispo de Toledo. Álvaro de Luna había conseguido entrar como ayuda de cámara de Juan II y este hecho le bastó para obtener la confianza del rey hasta extremos de dependencia y sumisión fáciles de entender si se piensa que el joven rey no tenía padre, amigos ni mentores, es decir, que se encontraba en la soledad más absoluta. Ya en vida de la reina regente Catalina, ya ésta advirtió el tipo de influjo que poseía sobre su hijo, por lo que intentó echarlo de la Corte, pero no lo consiguió, y su poder se fue afianzando cada vez más, pues desde 1415 don Álvaro fue Maestre del Rey y continuó en su más estrecha confianza. Así es como asciende al poder político un bastardo que había llegado a la Corte sin señoríos ni riquezas. Por aquel entonces, viéndose con un poder cada vez mayor, consiguió que se pusieran de su parte muchos nobles y así ejerció un poder casi dictatorial y consiguió un importante aumento de sus riquezas. Pero en los primeros meses de 1439, la situación que el propio Álvaro de Luna había creado se hizo insostenible y éste tuvo que aceptar que volviesen al reino los Infantes de Aragón: mientras el infante Enrique se puso de inmediato de parte de los nobles exigiendo el dominio del Consejo Real de Castilla y el desarrollo de una política que limitase los poderes del rey, el infante Juan se unió a los adversarios de Álvaro de Luna, ya Condestable, y puso bajo su control al rey Juan II, lo cual significó el primer revés para el privado, que fue inmediatamente desterrado del reino. En los años posteriores, los Infantes plantearon nuevas reformas políticas, pero don Álvaro, desde su destierro, ayudado por grandes de la época, algunos de los cuales formaban parte del Consejo Real de Castilla, que habían promovido los Infantes, consiguió que los nobles se aliaran con él, y así comenzaron las tensiones que acabarían con el poder de los Infantes y con la “ansiada” libertad del rey Juan II (libertad deseada por los nobles para así conseguir señoríos que les daría el propio rey a instancias de don Álvaro, por eso se habían aliado con él). A pesar de los intentos de don Álvaro, los Infantes consiguieron expulsar del Consejo Real de Castilla a los miembros más cercanos al privado, y siguieron reteniendo al rey, pero así consiguieron lo que menos esperaban: una coalición nobiliaria que reclamaba la libertad del rey, a la que se unieron bastantes ciudades y con la que, tras varias batallas, los Infantes perdieron su poder sobre el Consejo y sobre el propio rey. Así que, una vez liberado el rey, don Álvaro procuró afianzar la alianza con Portugal (de ahí el matrimonio en segundas nupcias con Isabel de Portugal) y cualquier intento del Infante Juan por hacerse de nuevo con el poder. Tras este nuevo orden de cosas, los nobles más destacados de Castilla recibieron un nuevo impulso y fue entonces cuando don Íñigo López de Mendoza alcanzó la dignidad de Marqués de Santillana y conde de Real de Manzanares, aparte de los títulos que ya ostentaba, señor de Hita y Buitrago (el título de Almirante de Castilla lo perdió su familia al morir el padre del futuro Marqués cuando éste aún no podía ostentar ese título). Pero el hecho de ser agraciado con nuevos títulos nobiliarios para aumentar el poder de su familia, no significó una alianza con el privado, antes bien, el odio del Marqués hacia don Álvaro aumentó al ver el Marqués cómo éste ejercía el poder real usurpando los derechos reales del propio rey. El nuevo ascenso al poder de don Álvaro no duraría tanto como él esperaba: por una parte, la nueva reina le era especialmente hostil; por otra, don Álvaro apresó muchos nobles que él creía aún partidarios del Infante Juan, por lo que se creó otra liga nobiliaria que no cesaba de intervenir en secretas negociaciones para acabar con ese poder casi dictatorial. Las conjuras palaciegas contra don Álvaro, sustentadas en la enemistad que la reina le profesaba y en la aversión que el propio rey llegó a tenerle tras su larga dependencia política y personal, supusieron varios intentos de asesinato que el privado logró eludir gracias a su escolta personal (en uno de esos intentos estuvo implicado el propio Marqués de Santillana y otros nobles importantes), pero ya no pudo hacer frente a la decisión directa tomada por el rey, quien ordenó primero apresarlo en Burgos y después, a instancias de sus propios letrados y del Consejo Real de Castilla, su propia ejecución en Valladolid en 1453. Así terminó la vida del hombre que intentó siempre usurpar el poder real y contra el que luchó personalmente el Marqués de Santillana, siempre de forma unas veces dialéctica, otras oculta, con la excepción del intento de asesinato en que se vio envuelto con la ayuda de otros nobles. En la obra del Marqués de Santillana podemos encontrar dos poemas didáctico-morales en los que el ataque contra don Álvaro de Luna es claro: el Doctrinal de privados y las Coplas contra don Álvaro de Luna. Estos ataques del Marqués contra el Condestable se llevaron a cabo porque el Marqués tenía un muy claro concepto de la identidad nacional castellana: el poder tenía que estar en las manos del rey y no podía ejercerlo como un poder dictatorial del que sólo se beneficiase una persona y sus aliados, sino que debía ser un poder del que se beneficiasen todas las clases sociales, incluso aunque las clases más pobres no tuviesen poder para luchar por unos derechos personales o de clase.

 

 

 

           

El Doctrinal de privados, obra didáctico-moral del Marqués de Santillana, es un ataque directo contra el Condestable de Castilla, don Álvaro de Luna, al que el Marqués siempre se había opuesto por su forma de ejercer el poder. Aunque esta obra está escrita en un tono mucho más reservado que las Coplas contra don Álvaro de Luna, el Doctrinal de privados no deja de ser una clara muestra del carácter vengativo de su autor, aunque debe tenerse en cuenta que el tono que prevalece en esta obra es el moral (pues sus reflexiones, a modo de confesión, son avisos para que sus pecados y errores, así como su actitud ante la vida, no sean un ejemplo a seguir por otras personas). Tras las primeras estrofas, en las que el propio don Álvaro confiesa que se hizo con riquezas que no le pertenecían y que cometió todos los pecados capitales, continúa el poema con la confesión en primera persona del privado, y termina cuando don Álvaro sabe que va a ser ejecutado, pero pide perdón a Dios por todo lo malo que ha hecho en su vida, de ahí que prevalezca el carácter moral. Este poema plantea la dificultad de saber si, al confesar el privado tal exceso de pecados, el poema es una exultación debida a la derrota del enemigo o si se trata de un poema moral cuya finalidad sería establecer la dimensión general humana de las faltas del Condestable. Si nos atenemos a la personalidad propia del Marqués, es más seguro pensar que este poema se debió a que el Marqués, tras la muerte del privado, pudo de nuevo ayudar a que se ejerciese el poder absoluto del rey, que ya no pondría en duda la unidad nacional por la que tanto había luchado tras los grandes problemas dinásticos y las luchas civiles que habían tenido lugar en Castilla. El Marqués, personalidad típica de la Edad Media, luchó por la unidad nacional, ya que su perfil intelectual y humano conjuga y armoniza la vieja dicotomía medieval de las armas y las letras, mientras es un brillante militar, es también erudito y sensible, y un devoto y fervoroso cristiano, dato que se presenta por encima de todos y que supuso su continuo apoyo a la unidad nacional y, por tanto, su enfrentamiento con el favorito del rey Juan II.

 

 

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Las Coplas contra don Álvaro de Luna son el ataque más directo del Marqués de Santillana contra el privado y favorito del rey Juan II, que siempre ejerció el poder real de forma oscura y casi dictatorial. La verdadera idea del Marqués era mantener un reino centralista basado en la figura del rey con poder absoluto (en su época se creía que Dios era el centro de todo y que el Poder emergía directamente desde Dios hasta la figura del rey), y la figura del privado iba contra esos planes de don Íñigo de mantener la unidad nacional en la figura real. De ahí que ese ataque presente la peor cara de don Álvaro de Luna, un hombre lleno de defectos personales, siempre en pecado por cometer las mayores tropelías (asesinatos, violaciones no sólo del poder sino también físicas...). En resumen, un hombre amoral y falto de ética que nunca pensó en el daño que podía hacer a los demás, sino sólo en su propio beneficio.

 

 

 

 

 

 

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TEXTO REALIZADO POR LOS ALUMNOS DE 3º DE E. S. O. “C” DEL I. E. S. “JOSÉ HIERRO” DE SAN VICENTE DE LA BARQUERA